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sábado, 7 de julio de 2012

¡Feliz Tanabata!

El siete de julio se celebra en Japón el Tanabata, el festival de las Estrellas. En él, se cuelgan unos papelitos de colores llamados tanzaku de las plantas (sobre todo del bambú) con poemas o deseos que han de cumplirse en un año. Esta bonita tradición se basa en la siguiente leyenda, protagonizada por Orihime (la estrella Vega) y Hikoboshi (la estrella Altair):


La historia cuenta que Orihime era una tejedora hija del Señor del Cielo que un día que bajó a bañarse en un río un pastor la vio y se puso a espiarla, y le quitó la ropa que ella había dejado en la orilla. Cuando Orihime se dio cuenta, le dijo al pastor Hikoboshi que le devolviera su ropa, pues sin ella no podría regresar a su casa en el cielo. Él, avergonzado, le dijo que no sabía de qué le hablaba y negó haber visto  sus prendas, por lo que a Orihime no le quedó más remedio que vivir en la Tierra.
Orihime y Hikoboshi se casaron, y un día ella encontró su propia ropa, que su esposo había escondido, y decidió regresar al Cielo. Hikoboshi, que estaba muy enamorado, le pidió que se quedara con ella, pero Orihime le puso como condición que tejiera mil pares de sandalias y las enterrara. Él comenzó la tarea, pero enterró las sandalias antes de llegar al par número mil.


Al día siguiente de enterrarlas, había nacido una enorme planta de bambú que se perdía en lo alto, y que el pastor decidió escalar. Como no había llegado a tejer mil pares, se quedó a unos metros de poder entrar al cielo, pero su esposa, que ya estaba alí, le ayudó a llegar.

El padre de Orihime, Señor del Cielo, no pensaba que un pastor estuviera a la altura de su hija, por lo que le puso una prueba: Éste tenía que labrar durante tres días los campos del Cielo, y Hikoboshi aceptó. Su esposa le advirtió de que el Señor del Cielo podría haber puesto trampas y que, por mucha sed que tuviera, no tomara ningún fruto de los campos que tenía que labrar.

Cuando el tercer día estaba finalizando Hikoboshi sintió mucha sed, y olvidando la advertencia, tomó un fruto y lo mordió. Al instante comenzó a brotar tanta agua de éste que se formó un río que dividía a los dos enamorados: La Vía Láctea.



Orihime le rogó a su padre que les permitiera estar juntos, pero el Señor del Cielo sólo permitió lo siguiente: El séptimo día del séptimo mes (esto es, el siete de julio, aunque se refiere al calendario lunisolar), gracias a unos cuervos que formarían un puente sobre la Vía Láctea, y únicamente si ese día no está nublado.



La costumbre empezó en la era Edo, y existe la creencia de que si en la noche del 7 al 8 de julio se puede ver la Vía Láctea,  significa que los amantes celestiales se han encontrado. Muchas veces se preparan fuegos artificiales, y se trata de un festival reflejado en numerosas series de anime y manga.






Feliz Tanabata a todos y que se cumplan todos vuestros deseos.
Maya.

1 comentario:

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